Una reflexión de Leslie Holdridge sobre la vida, la evolución y el papel del hombre en la naturaleza
Por Leslie Holdridge (1967)
I. El espectáculo de la vida
Como una fracción del cielo azul brillante, impulsándose erráticamente a través del bosque, una mariposa Morpho de amplias alas desciende y se levanta rápidamente entre variadas sombras de los verdes contornos del follaje.
Abajo, sobre las hojas caídas y los sectores descubiertos del suelo húmedo, también llama la atención la pequeña Dendrobates, una rana saltarina color rojo brillante, de zancas azul oscuro.

Alrededor, los árboles se levantan por entre la espesa sombra. Algunos exhiben proporciones majestuosas, con sus troncos de enormes aletones laminares formando ángulo con las bases; otros, de fustes cilíndricos o angulosos, desaparecen entre la masa general del dosel superior. Palmas con fustes largos y esbeltos, apoyadas sobre una masa de raíces fúlcrenas; heliconias con hojas semejantes a las del banano; altos y robustos jengibres silvestres; helechos arborescentes de tronco marcado por cicatrices foliares.
Pero esto representa sólo el entramado. Lianas de variadas proporciones cuelgan cerca de los troncos o suben arrollándose en los fustes de sus vecinos. Troncos, aletones, bejucos y trozas desplomadas soportan un variado surtido de epífitas: desde delicados musgos y líquenes, pasando por helechos, orquídeas y aráceas, hasta colosales bromelias.
Como ocurre en una gran ciudad, hay mucho por ver, pero sólo una porción de la vida y de las actividades de los seres vivos son evidentes a primera vista.
II. El invisible entramado
Sobre la copa de un arbolillo se posa un grupo de loros veloces, y luego desaparece como por encanto al camuflarse inmediatamente en el follaje. Desde el grave silencio del ambiente llegan al oído sonidos de pájaros e insectos invisibles. Hormigas gigantes hacen su trillo sobre los troncos caídos. La mayoría de los mamíferos, las serpientes, las ranas arbóreas y algunas mariposas permanecen inmóviles después de sus correrías nocturnas.
Completamente fuera del alcance de la vista, existe un enjambre de otras variadas formas de vida: en los troncos podridos, sobre el envés de las hojas, en el suelo y debajo de la corteza desprendida de algunos árboles maduros. En el interior de las estructuras biológicas, la savia y la sangre siguen su curso, translocando materias primas y transformándolas en crecimiento y energía.
Aquí, en el bosque tropical muy húmedo e inalterado, la presión de la vida parece abrumar por su abundancia. El hombre solo en este ambiente se siente deprimido e intimidado por la multitud de extrañas formas vivientes. Como el campesino cuando por primera vez visita la ciudad, aquí el hombre es absorbido por la cohesividad de las fuerzas y la compleja organización, y no logra apartar de sí el sentimiento de ser un extraño, un intruso.
III. El equilibrio dinámico
Desde luego que existe una base real, causante de esa impresión de fuerza cohesiva y de organización. Cada especie ocupa su nicho en la comunidad. Algunos animales devoran otras formas biológicas y, aparentemente, no contribuyen en nada a la comunidad; sin embargo, ellos son parte de las fuerzas balanceadas que mantienen el equilibrio en la asociación.
Pero el equilibrio no es estático, sino más bien un promedio alrededor de un estado de condiciones balanceadas. El conjunto de organismos que ocupa un sector puede variar en pocos minutos, y entrar en escena un reparto de actores diferentes; si uno se mueve unos pocos metros, verá otro cuadro distinto de especies.
Pasan los meses y los años; el número de individuos de algunas especies aumenta o disminuye, produciendo un desequilibrio temporal sobre una parte de las fuerzas biológicas, hasta que otros factores de la comunidad reaccionan y restituyen el equilibrio perdido.
En estas condiciones, no es posible tomar ningún período de tiempo, ningún sitio del espacio, para representar la asociación de manera precisa. Únicamente puede obtenerse una idea global del conjunto de la comunidad, del mismo modo que un tendero estima el peso de un artículo mirando su balanza cuando todavía la aguja está en movimiento.
IV. Las preguntas del ecólogo
En las comunidades del Bosque muy Húmedo Tropical, en donde hay agua abundante y la temperatura es alta todo el año, la vida alcanza una diversidad excesiva y las interrelaciones son muy complejas. Recorriendo la superficie del planeta, se encontrarán otras comunidades de fisonomía totalmente diferente. La estructura es más simple y el número de especies es menor a medida que se viaja hacia las áreas con nieves perpetuas o hacia los desiertos.
¿Cuáles son las relaciones entre los organismos de una comunidad y las de las comunidades entre sí? ¿Existen leyes y principios que controlen el modus vivendi de las comunidades naturales? ¿Existen patrones definidos de comunidades y relaciones entre las diversas comunidades de la tierra? ¿Cómo se desarrollaron?
Estas y otras preguntas se hace el ecólogo cuando estudia las comunidades naturales.
V. La larga marcha de la evolución
Los estudios sobre la evolución demuestran que el desarrollo de las complejas comunidades actuales tomó un período bastante largo. La evolución ha operado como en las grandes ciudades del presente, que han sido construidas sin planes previos; ellas han tomado forma lentamente, de acuerdo con los materiales disponibles, con ajustes y reconstrucciones periódicas, y con el tiempo suficiente para ir ocupando todos los nichos o sectores vacantes.
A partir de la materia prima o elementos químicos básicos, tanto de la atmósfera como de la capa de suelo derivada de la descomposición de la roca, y teniendo el agua como medio para la solución y el transporte de esos elementos, y el calor y la luz del sol como fuente de energía, la vegetación ha evolucionado de formas simples a cada vez más complejas, capaces de transformar esos elementos básicos y la luz solar en crecimiento y energía almacenada.
Antes de finalizar el Devónico, varios árboles primitivos como helechos arborescentes, pteridospermas, árboles de escamas y especies de Cordaitales, los precursores de las coníferas, habían evolucionado y crecían juntos en asociaciones boscosas de estructuras mucho más simples que la de los bosques actuales. Posteriormente dominaron el ambiente las cicadales y las coníferas, y más adelante, cuando aparecieron las angiospermas o plantas con flores, se desarrollaron los bosques y las otras comunidades actuales.
Al tiempo que evolucionaba la vida vegetal, también lo hacían los animales; comenzando siempre con herbívoros, se desarrollaron largas y complejas cadenas de depredadores para aprovechar el alimento original y la energía fijada por las plantas.
VI. La norma y la variación
A pesar de que cada planta o animal tiene su lugar en el complejo ámbito de la vegetación o de las cadenas alimenticias animales, ningún sitio o comunidad está estático. Siempre están ocurriendo variaciones en el estado del tiempo que dan origen a inundaciones, sequías, huracanes y otros fenómenos. Estos producen interrupciones o cambios en las dimensiones de los componentes de las comunidades.
Dentro de lo que parece una comunidad estable de plantas y animales, se producen casi continuamente cambios en las proporciones y los efectos de las especies. En esencia, se está produciendo un cambio continuo alrededor del equilibrio, en tal forma que de un año a otro y aun de un día para otro, nunca podrá verse exactamente el mismo cuadro dos veces.
Esta norma, las condiciones promedio del conjunto de plantas y animales, dura tanto como se lo permita la uniformidad de los factores climáticos, edáficos y atmosféricos. Tales comunidades o asociaciones son unidades susceptibles de ser cartografiadas.
Algunos conjuntos de asociaciones pueden agruparse en zonas de vida o formaciones, categorías éstas que están delimitadas por rangos climáticos definidos. La misma zona de vida y las asociaciones involucradas en ella pueden presentarse en regiones separadas, y aun en continentes diferentes. En dos comunidades con iguales condiciones climáticas, edáficas y atmosféricas, las plantas y animales pueden ser diferentes desde el punto de vista taxonómico, pero el aspecto general de la comunidad y las formas biológicas son las mismas.
Esta repetición del aspecto en áreas bien separadas y con elementos taxonómicos diferentes sugiere, en primer lugar, que los seres vivos siguen ciertas reglas al adaptarse a determinados nichos ecológicos, y, en segundo lugar, que el proceso evolutivo moldea cualquier material disponible, dándole la forma correcta, de acuerdo con lo necesario para que tenga éxito la ocupación del nicho ecológico.
VII. El hombre: especie dominante
Es interesante anotar que en este planeta la evolución perfeccionó la capacidad mental del hombre, un mamífero, hasta el punto que pudo entender el proceso causa-efecto en la vegetación y las cadenas alimenticias de los animales.
Por su capacidad para entender los procesos vitales, unida al desarrollo de las máquinas y al poder para complementar su propia fuerza física limitada, el hombre se ha convertido en el principal factor de la alteración de las asociaciones naturales y de los ciclos de las cadenas alimenticias de los animales.
El hombre ahora es capaz de remover la vegetación natural de grandes áreas, y cultivar o dirigir, de manera especial, plantas o animales seleccionados para satisfacer sus necesidades. Es capaz de eliminar las plantas sin valor, denominadas malezas, de sus plantaciones o cultivos, o eliminar los predatores de las cadenas alimenticias, para obtener altos rendimientos de alimentos para su propio uso.
Como entiende los procesos evolutivos, ha aprendido a alterar las formas biológicas existentes y a mejorar su capacidad para satisfacer mejor sus deseos. En resumen, el hombre ha tenido tanto éxito en manipular otros organismos, en alterar el microclima de su morada y las áreas vecinas, en desarrollar medios de locomoción y en controlar sus propios predatores, que se ha convertido en la fuerza dominante sobre la casi totalidad del globo.
Como resultado lógico de este dominio, el hombre ha multiplicado su descendencia hasta miles de millones de individuos, y continúa aumentándola a un ritmo fantástico.
VIII. La paradoja del éxito
En efecto, el hombre ha tenido hoy tanto éxito en alimentarse y protegerse a sí mismo como en multiplicar su propia raza, que ahora el éxito en el segundo aspecto se ha convertido en su problema principal.
En las asociaciones naturales, una perturbación en el equilibrio numérico es seguida siempre por una reacción, que mueve las condiciones perturbadas hacia la condición de equilibrio nuevamente. Sin embargo, por el control que ejerce sobre otras formas de vida y por ser el organismo dominante, el hombre no necesariamente tiene que seguir con exactitud las reglas que se aplican a otras formas de vida incapaces de pensar racionalmente.
Pero aun así, continúa vigente la pregunta: ¿cuánto puede durar el hombre modificando el balance en una sola dirección, y seguir en capacidad de mantener el equilibrio con su ambiente?
IX. El imperativo de comprender
De todas maneras, es imperativo entender en primer lugar, y muy claramente, el modus vivendi y las causas que producen las diferencias fisonómicas y estructurales de las asociaciones naturales.
No sólo se debe trabajar muy rápido en el estudio de las comunidades naturales vírgenes, antes de que sean alteradas por el hombre, sino que es necesario asegurar la conservación de suficientes áreas no alteradas, para estudios a largo plazo y para que sirvan como bancos de germoplasma y de formas biológicas. Así podrán satisfacerse futuras necesidades del hombre, algunas de las cuales es muy posible que ni siquiera puedan hoy imaginarse.
Al mismo tiempo, se debe presionar para proteger cuanto antes algunas áreas representativas de asociaciones que ya están totalmente ocupadas por el hombre, pero en las que existe la esperanza de un regreso gradual a las condiciones naturales, si se les da tiempo y protección suficientes.
Conociendo desde el punto de vista teórico la estructura de tales asociaciones, el hombre podría reagrupar dentro de un área protegida los residuos, algunas veces muy escasos, y luego dejar que las fuerzas naturales reorganicen los componentes vivos, y los conduzcan hasta la reestructuración de la comunidad original que había surgido por evolución a través del tiempo.
X. El papel del ecólogo
En segundo lugar, el ecólogo debe estudiar los efectos a largo plazo del dominio humano en la tierra; debe entender los resultados alcanzados por los diversos tipos de uso de la tierra y por otras actividades. Sólo así podrá definir el uso adecuado de la tierra, podrá conocer la densidad geográfica óptima para cada región, y podrá estar seguro de que el hombre puede ser feliz en armonía con su ambiente, sin necesidad de recurrir a extremos como guerras, pestes y muerte por hambre para poder mantener el equilibrio.
Por lo tanto, el ecólogo no debe contentarse sólo con estudiar la vegetación natural y la vida silvestre, sino que deberá unir todo el conocimiento de los aspectos mencionados con la información pertinente a los resultados de la actividad humana como especie dominante.
El dominio por sí solo, para satisfacer las necesidades o deseos egoístas de una especie a expensas de las otras, no ha tenido éxito y probablemente nunca lo tendrá.
XI. La lección de los dinosaurios
Si el hombre no quiere correr la suerte de los extintos dinosaurios, que durante varios millones de años dominaron la tierra, debe entender la manera de alcanzar y mantener un equilibrio con su ambiente.
Aunque la tarea de restaurar el equilibrio natural caiga sobre los hombros de los políticos, los religiosos, los educadores y los líderes científicos, como también sobre el ciudadano común y corriente, el ecólogo carga con la responsabilidad de definir claramente el significado y el modo de alcanzar tal equilibrio.
*Leslie Holdridge (1907-1999) fue un botánico y climatólogo estadounidense, creador del sistema de clasificación de zonas de vida que lleva su nombre. Este texto corresponde a la introducción de su obra clásica sobre ecología tropical, escrita en 1982. Cuatro décadas después, sus palabras resuenan con una urgencia que él mismo probablemente intuyó, pero que quizás no imaginó tan crítica.*
Este artículo fue rescatado y adaptado por Proyecto Primates Panamá a partir de la obra original de Leslie Holdridge, con el propósito de hacer accesible su pensamiento a nuevas generaciones de lectores interesados en la relación entre el ser humano y la naturaleza.










